Los pequeños detalles importan Parte I
- i.O

- 6 abr 2021
- 3 min de lectura
Desde hace varios días he estado con la inquietud del por qué algunas empresas con proyectos innovadores, que aportan al mundo y que tienen gente de calidad han fracasado. Después del inicio de la pandemia en 2020, muchas de las organizaciones se vieron obligadas a cambiar su modelo de negocio, la manera como promocionaban los productos, e incluso sus proveedores.
Sin embargo, algo que no cambio del todo fue la mentalidad. Y es que especialmente en un país tercermundista, en vías de desarrollo como Colombia, esto es algo que nos ha costado trabajo entender. Mientras en algunos lugares de Europa e incluso en la mayoría de empresas multinacionales con sedes en países desarrollados el home office se convirtió en una realidad, con regulaciones y todo, en Colombia se ajustó a un modelo de "conveniencia" aún no definida para quien.
Así que después de mucho pensarlo y viendo lo que sucedía a mi alrededor, hoy les traigo 5 detalles que aunque mínimos, hacen una gran diferencia al momento de lograr que un proyecto sea exitoso, incluso en esta "nueva realidad".
1. Trabajar en casa no significa estar siempre disponible
Ultimamente he leído múltiples artículos acerca del "síndrome del burnout" o "agotamiento extremo en el trabajo" un fenómeno que increíblemente se ha incrementado desde que el home office llegó a nuestras vidas.
Con el home office llegaron algunas comodidades a la hora de realizar el trabajo. En las grandes ciudades se redujeron los desplazamientos, la inversión en ropa, accesorios y demás. Sin embargo, para algunas organizaciones, significó tener a sus empleados siempre disponibles. Dado que ya no existía una marcada diferencia entre el lugar de trabajo y el lugar de descanso, muchos de nosotros optamos por continuar las jornadas laborales hasta horas de la noche, fines de semana e incluso días feriados. En parte porque como empleados sentimos que era nuestra manera de "compensar" la posibilidad de trabajar desde casa, pero sobretodo, porque gracias a aplicaciones como Whatsapp, LinkedIn, correo, entre otros, los empleadores empezaron a sentir que podían contactarnos en cualquier momento.
Inicialmente no fue considerado una situación incómoda, contestar un mensaje, responder un correo o trabajar horas de más por esa presentación, no representaban ningún problema. Sin embargo, después de un año de trabajar desde casa, con salidas ocasionales o nulas a la oficina, esa sensación de agradecimiento y tranquilidad al estar en casa se conviritió en un sentimiento agridulce. He escuchado casos de amigos y amigas que reciben mensajes de WhatsApp mientras están durmiendo a sus hijos, o mientras están yéndose a dormir, solicitándoles informes y tareas adicionales. Más tiempo en casa, pareció significar más tareas por hacer en el trabajo, adicionales a las que ya se desempeñaban en el hogar.
Poner límites también es un opción, respetar el tiempo para ti, tu familia y tu descanso es importante. Un buen líder sabe que un equipo motivado, es un equipo que trabaja a gusto, es más productivo y a la larga mas saludable. Lo cual se va a ver representado en beneficios para su proyecto y su organización. Ver Cómo motivar a tu equipo
2. El trabajo en casa no es igual para hombres y mujeres
Tal vez por esto, algunos piensen que soy feminista, pero la realidad es que ni feminista ni machista. Simplemente como mujer, con amigas mujeres y familiares mujeres, debo decirlo. El trabajo en casa no es lo mismo para mujeres que para hombres, por lo menos en un país marcado por una cultura predominantemente en favor de los hombres. Cuando una mujer realiza home office debe combinar el rol de profesional, esposa y madre, mientras en el caso de los hombres el tiempo dedicado a los roles diferentes al profesional es mucho menor. Para la mayoría de mujeres, el trabajar desde casa con niños estudiando desde casa también, representó la caída de cierta libertad e independencia que ofrecía el lugar de trabajo.
En la mayoría de situaciones las organizaciones no comprenden este fenómeno, y aunque estoy a favor de la igualdad entre hombres y mujeres, no puedes exigir de la misma manera a una madre cuya prioridad es el bienestar de sus hijos en el hogar, que a un hombre cuya participación en la educación de sus hijos muchas veces es mínima. A mí parecer es un "feminismo por conveniencia". Exigir el 110% de las mujeres en el trabajo y hacer lo mismo para las hombres con las labores del hogar. Ese sería el verdadero equilibrio.
Como mujer y profesional, quiero sentirme igual a cualquier compañero del género masculino, pero bajo las mismas condiciones. Si las condiciones no son las mismas, es cómo exigirnos correr una maratón sin zapatos, mientras el vecino lleva calzado.
Esto es sólo la primera parte, esperen la parte II, porqué no a todos nos funciona el Home office? Qué pasa si nos quedamos en la rutina y no buscamos salir de ella?
Un abrazo,
i.O





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