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Lo que sentimos ante la incertidumbre

  • Foto del escritor: i.O
    i.O
  • 2 nov 2021
  • 3 min de lectura

Hace unos meses, la palabra incertidumbre por más increíble que pareciera - en medio de una pandemia mundial- no cruzaba por mi mente. Creía que por fin había alcanzado la tan anhelada "paz interior". Por muy gracioso que suene, al final de cuentas, la paz interior es lo que muchos filósofos, pensadores, monjes budistas y yoguis promulgan siempre que entras al camino del mindfulness.


Desde que inició la pandemia tuve la oportunidad de iniciar varios proyectos, desarrollar mis habilidades creativas e incluso incursionar en áreas que como profesional nunca me había dado la oportunidad de experimentar. Sin embargo, con el paso del tiempo y la "renormalización" de la situación, se volvieron a abrir puertas que pensé que había dejado atrás. Llegaron oportunidades tentadoras, con fundamentos desde mejorar mi calidad de vida, tener una mayor estabilidad laboral, hasta el hecho de representar un reto profesional y personal.


Es así como en un abrir y cerrar de ojos, me vi recogiendo mis pasos y mis palabras y me fui adentrando en un terreno que aunque parecía conocido, resultó estar lleno de incertidumbres y desafíos. Después de todo, resulta que la incertidumbre tiene varios efectos en cada uno de nosotros, queramos o no, los cuales paso a paso y a medida que experimentamos nos fortalecen, nos ayudan a crecer y a madurar.


🌟 Temor a lo desconocido


Tal vez esta es la primera reacción de la mayoría de nosotros, bien sea que emprendamos un nuevo proyecto, experimentemos algo nuevo en nuestra vida personal, conozcamos personas ó lugares nuevos, el hecho de no poder controlar lo que pasará, nos genera inmediatamente temor. Reaccionamos como si todo lo anterior fuera una amenaza a nuestra integridad, queriendo salir corriendo de allí, dejando atrás eso que nos genera ese temor profundo.


🌟 Negación


Si bien nuestra primera reacción es alejarnos de lo que sentimos como "peligro", nuestro segundo acto es negar lo que sucede. "esto no puede ser, no deberían haber pasado, esta persona que hace aquí, etc". Cuando en realidad hemos sido nosotros mismos los que hemos tomado decisiones que nos han llevado al punto de incertidumbre en el que estamos en ese momento.


🌟 Ansiedad


Sólo cuando entendemos que tomamos decisiones con la información que decidimos procesar y aceptar, empezamos a sentirnos fuera de foco, sin salida y que no hay nada que podamos hacer. Es normal pensarlo así, pues si partimos del hecho que tomamos una decisión bien sea de iniciar un proyecto, reto profesional, una relación y obtenemos resultados muy diferentes a los esperados, es comprensible que no sepamos que hacer, no tengamos ni idea de por donde empezar a reducir la brecha entre lo que deseábamos y lo que en realidad está sucediendo.


🌟 Dolor de cabeza, estómago


En este punto es cuando físicamente comienza a manifestarse el cuerpo. Hasta este momento sólo habíamos hablado de lo que le sucede a la mente y las percepciones que tienes tras encontrarte en un estado de completa incertidumbre.


Sin embargo, el cuerpo, la mente y el espíritu están conectados de tal manera que lo que sucede en algunos de estos tres elementos se ve reflejado en otro. Es allí donde empezamos a experimentar dolencias, molestias y sensaciones que no entendemos. Somos seres integrales y si no nos encontramos bien, alguna de las partes de nuestro ser, nos lo hará saber.


🌟 Deseo de culpar a los demás


Otra de las reacciones que tendemos a experimentar ante una inmensa sensación de incertidumbre, además de la falta de confianza y seguridad que la caracteriza, es querer culpar a los demás. A menos que hayas sido llevado a la fuerza, ese proyecto, relación, persona o situación, llegó producto de una decisión propia. Es decir, una decisión tuya, de nadie más. Por lo mismo, eres tú el que experimenta todas las sensaciones mencionadas anteriormente, eres tú el que siente que "le movieron el piso" y ahora está a la deriva sin saber hacia donde te diriges.


🌟 Resignación/Aceptación


Finalmente, la incertidumbre es una constante en la vida, aunque suene curioso. Lo único constante es el cambio, como decía en mi post anterior. Algunas veces los cambios llegan producto de decisiones y los consideramos cambios positivos, otras veces llegan cargados de situaciones que se salen de nuestro control y nos llenan de desconfianza, inseguridad y miedo (zona de incertidumbre). Pero al final de cuentas, todos aprendemos a aceptar lo que llega, bien sea por la esperanza de que las cosas mejoren o tal vez, porque al ser algo que no podemos cambiar, sólo nos queda recibirlo de la mejor manera que podamos.


Sea cual sea el camino que elijamos, bien sea el de la resignación o el de la aceptación, todos absolutamente todos, atravesamos por momento de incertidumbre que nos enseñan a ser mejores profesionales y seres humanos. No sólo con los demás, sino ante todo, con nosotros mismos.


Un abrazo,


i.O

 
 
 

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