Dar la batalla a un Digno Rival
- i.O

- 25 may 2021
- 3 min de lectura
Hace poco tuve una de las experiencias más reveladoras y enriquecedoras de mi carrera. Tuve la oportunidad de contradecir, discutir y argumentar para defender mi posición y no lo hice. ¿Porqué? sencillo. Porque no era un digno rival.
Desde que era un niña fui educada con una mentalidad diferente. A pesar de haber crecido en una ciudad pequeña, aprendí desde muy temprana edad a defender mis puntos de vista y a no permitir que nadie me hiciera sentir mal sin antes evaluar si esa persona tenía razón alguna para hacerlo. Con el pasar de los años y las diferentes experiencias de vida, esta cualidad se convirtió en un enorme desafío, pues al llegar a una ciudad nueva, con una cultura diferente y una manera de hacer las cosas distinta, encontré que lo que por mucho tiempo consideré una virtud se podía convertir en un obstáculo al momento de avanzar en mi carrera profesional.
Hoy, con el pasar de más de 10 años de experiencia profesional, enormes retos y una que otra embarrada, les quiero traer las 5 cosas que he aprendido y que junto con lo que llamamos "madurez" me han permitido encontrar un balance entre "defender mi punto de vista" y "dar la batalla que merece ser dada". Bien dicen por ahí es "mejor perder una batalla, pero no la guerra".
1. Identificar la situación
Lo primero que aprendí a hacer cuando se me presentaban estas situaciones, era identificar que tipo de situación era. Si me encontraba en medio de un tema laboral, sentimental, familiar o personal.
No es lo mismo tener que afrontar un dilema con tus seres queridos como tu familia, la persona con la que compartes una relación y que te conoce en tus momentos más vulnerables, a tener que hacerlo con tus compañeros de trabajo o jefe directo.
2. Evaluar los motivos de la otra persona para discutir contigo, juzgarte ó hacerte sentir mal
No siempre los demás son conscientes de cómo su comportamiento puede afectarnos, por lo que es importante saber si lo que impulsa a la otra persona a hacerlo es un tema de ego, envidia, celos profesionales ó simplemente parte de su naturaleza. Hay que reconocer que existen personas que llegaron al mundo a repartir odio y depende de cada uno de nosotros, decidir si lo recibimos o no.
3. Hacer un balance
Tan simple como suena. Qué gano si defiendo mi punto de vista y que pierdo si no lo hago. En algunas ocasiones es "mejor un mal arreglo que un buen pleito", y si se trata por ejemplo, de un superior en el trabajo, de quien depende nuestra estabilidad laboral ó nuestra mamá a quien no queremos hacer sentir mal, es mejor encontrar otro espacio y otras formas de hacerle entender que está equivocado/a. Puede que ese jefe esté emitiendo un juicio erróneo sobre nosotros ó que simplemente esté liberando energía de otros temas con nosotros, que no tenemos nada que ver en el asunto.
4. Evaluar la posición de quien está comportándose como "tu rival"
No es lo mismo tener que defender tu punto de vista frente a tu jefe, con quien en la mayoría de los casos tienes una relación netamente profesional, sin una amistad o sentimientos de por medio que con tu mamá. A tu jefe, deseas hacerle entender lo buen profesional que eres, lo duro que has trabajado y lo mucho que deseas conservar una relación basada en el respeto y la admiración mutua. En el caso de tu mamá, sólo deseas que ella esté bien, no herirla con tus palabras y actitudes, así eso implique aceptar que ella tiene la razón.
5. Proyectar el resultado
Creo que existen dos preguntas claves que debemos hacernos: Me sentiré mejor después de confrontarlo? Necesito hacerlo? Bien dicen que "somos dueños de los que callamos y esclavos de lo que decimos". Así que, hacer esta reflexión nos va a ahorrar decir cosas que lamentaremos luego ó defender algo que no necesita ser defendido. Muchas veces nuestro trabajo habla por nosotros mismos y una sana relación con nuestra familia tiene más valor que simplemente: Tener la razón.
Finalmente, espero que estos tips les den una idea de qué es lo más inteligente y sensato hacer cuando tengan un posible rival en un discusión.
Un abrazo,
i.O





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